sábado, diciembre 30, 2006

Denominación de Orixe

Contaba en mi entrada anterior que la llegada de la DO supuso un giro copernicano en todo lo referente a la viticultura de la zona de las Rías Baixas y también nombraba las subzonas que la constituían. En esta entrada hablaremos de cómo fue esta transición.

Recuerdo cierto escepticismo entre la gente y que algunos optimistas que montaron sus propias bodegas, como es el caso de Adegas Gándara, Adega Araújo, o los Cosecheros Reunidos de Soutomaior, y que aún siguen en el negocio. Temíamos que se repitieran algunos problemas que habían surgido en la vecina DO Ribeiro (un día hablaré de ello), aunque lo cierto es que no esperábamos que las cosas fallaran por dónde fallaron.

Las ayudas decidieron a la gente a cortar cepas con décadas de antigüedad y de multitud de variedades, y dónde antes había parras bajas de diversas alturas (y todas incómodas) de dos postes de granito con barra travesera (normalmente de madera) aparecieron de un año para otro uniformes bosques de postes de cemento cuya barra travesera era de acero con cepas de albariño. Se perdió con ello la mezcla de uvas en los mostos (loureira, treixadura y otras con albariño) y buena parte del encanto rural de la zona por uno más industrial y frío.

En cuanto a la calidad del vino, obviamente mejoró: las nuevas parras permiten una mejor ventilación y exposición solar de la uva, y una administración mejor de los productos fitosanitarios y en comodidad para su propietario. De hecho, el grado de tortura para el agricultor de una campaña de fumigado bajó muchos puntos: antes había unas fumigadoras que se llevaban a la espalda (incómodas, nada ergonómicas y muy pesadas) y había que hacer contorsionismos para llegar a algunos sitios, ya que no se podía llegar con el tractor al interior del viñedo. Ahora nos metemos con máquinas de fumigación enormes hasta dónde sea necesario.

También se perdieron las viejas bodegas que habían servido a nuestros abuelos, ya que la DO obligó a reformarlas todas: encintado de paredes, pintado de suelos, mejora de las condiciones sanitarias, etc. Nuevamente, se perdió en encanto lo que se ganó en calidad. Por supuesto, las bodegas "profesionales" tenían además una serie de requisitos bastante mayores: he visto alguna con condiciones higiénicas al nivel de un hospital (Fillaboa).

Entonces teníamos un mercado muy definido, que eran los bares de la zona y de las villas y ciudades cercanas (Vigo, Pontevedra, Redondela, Ponteareas, etc.) y un tipo de consumidor que no sabía gran cosa de expresiones como "aromas florales con toques de café, manzana y melocotón". De hecho, si alguien les dijese una cosa como esta lo más posible es que se partiesen de risa o le mirasen como a un marciano. La versión local de este tipo de expresiones vendría siendo algo así como "tá bó" (está bueno).

Para satisfacer a estos clientes los hosteleros venían a las parroquias dónde teníamos (y normalmente seguimos teniendo) el vino de mejor calidad, en busca de un paisano que pudiese venderles "x" botellas que necesitaban para su negocio.

Cuando se arrancaron todas las cepas que contaba que se habían arrancado y se perdió la variedad de uvas que había en favor del hoy omnipresente albariño se perdió también el carácter del entonces llamado viño do país que era el preferido por aquellos clientes. La mejora en la calidad de los vinos vino acompañado de un sabor más suave (el viño do país era bien áspero) y de una sensación de embriaguez no tan acusada, con lo cual simplemente empezaron a decir que los nuevos vinos eran "como beber agua" y una parte de ellos los abandonaron en favor de vinos de menor calidad pero de sabor más parecido a lo que ellos esperaban.

Entonces nos encontramos conque perdimos clientes porque las nuevas generaciones no iban a la taberna a beber vino, y las viejas no estaban contentas con el nuevo. Además el aumento en la calidad y en cantidad del vino hizo que los hosteleros se concentrasen en zonas más próximas a sus domicilios, ya que la calidad que les ofrecíamos antes de la replantación ahora se encontraba en casi cualquier sitio, y el aumento de calidad en nuestros vinos no implicaba un aumento en sus ingresos.

Así que estos compradores empezaron a escasear y hoy en día son casi una rareza. Incluso la "Festa do Viño do Condado" de Salvaterra do Miño y la "Festa do Albariño" de Cambados (las dos más prestigiosas) se centraron en la promoción de las bodegas profesionales y dejaron de lado a los productores domésticos cuya explotación era simplemente un complemento para la economía familiar.

Para tratar de evitar lo inevitable se crearon iniciativas como la "Festa do Viño Artesanal" de Fornelos da Ribeira o la "Festa do Viño Novo" de Arantei (ambas en Salvaterra de Miño). Estas dos fiestas tienen como objetivo que la gente se fije en estos productores y en sus vinos, y en evitar que las explotaciones caseras (y generaciones de "savoir faire") desaparezcan, aunque los resultados son por desgracia bastante discretos.

Pero algo hay que hacer con toda esa viña que plantamos y con lo que produce. En el post siguiente contaré cómo comenzamos a vender las uvas a las bodegas profesionales.

3 Commentarios:

Anonymous tropo dijo...

Muy interesante el articulo, animo para la siguiente parte

miércoles, enero 10, 2007 9:12:00 p. m.  
Blogger Adictos a la Lujuria dijo...

Desde Adictos a la Lujuria recomendamos blogs consideramos interesantes relacionados con el vino y por eso tenemos en nuestra pagina el enlace a Blogs & wine ya que nos parece interesante lo que contais.

Os esperamos y animo.

www.adictosalalujuria.blogspot.com

martes, enero 16, 2007 12:28:00 p. m.  
Blogger Daniel Vásquez P. dijo...

Gracias por el enlace. Muy bueno vuestro blog :-).

martes, enero 23, 2007 2:30:00 p. m.  

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