viernes, noviembre 17, 2006

El otro Rioja posible


Cata de Riojas en la Capilla del Hostal dos Reis Católicos en Santiago de Compostela. Foto: Sole


Siempre tuve la sensación de que el Rioja, más que una denominación, era una especie de fórmula patentada, de sabor estándar, que se repite a lo largo de una serie de famosas marcas que producen vinos de color similar, estructura calcada y sabor casi idéntico: así ocurre con los Coto, Azpilicueta, Vivanco, Campillo o Marques de Riscal. Gigantes de la producción responsables del Rioja como marca global y, durante mucho tiempo, casi la única D.O. solvente en tintos en el mercado español. Obviamente, este vino para gustos globales también tiene suyas aventajes: son caldos de consenso que encajan en el gusto de mucha gente, especialmente de la más madura. Vinos de señor. Persistencia gustativa, sabor recto y directo al paladar, poco liante. Cuando te cae el marrón de la selección de vino en una comida colectiva en la que hay sensibilidades muy diferentes, ese Rioja siempre es una opción cómoda y neutral, que permite dar paso rápidamente a otra cosa.

Pero en una tierra tan fértil para la cultura del vino como la Rioja, era extraño que no hubiese otras opciones diferentes de ese vino industrial. Pudimos descubrir algunas de ellas ayer en la cata de presentación que las Bodegas Familiares de La Rioja organizaron en Santiago de Compostela. Las Bodegas Familiares son una asociación de herederos de viñedos que buscan crear marcas de una producción pequeña pero muy diferenciada, basada en la explotación de los vinos del pago, del terroir y del cultivo ecológico, buscando un cliente de gustos más específicos. O sea, son como La 2 de La Rioja. Su producción no llega, la mayor parte de las veces, a Galicia: de hecho, muchos de los bodegueros me comentaron que están comenzando a asociarse con distribuidores locales para conseguir entrar en las ciudades gallegas y, sobre todo, en las cartas de restaurantes. Y ellas mismas también juegan a las dos bandas: mantienen dos líneas, la clásica, que son los Riojas de toda la vida, y la moderna, fundamentalmente basada en el vino de terroir, en la elaboración de un vino a partir únicamente de las uvas recogidas en una parcela determinada, y en la que muchas de las bodegas entraron, según nos dijeron varios de ellos, presionados por un mercado cada vez más selecto y que busca la diferencia. Decidimos seguir esta última línea en la cata, explorar esa otra Rioja posible y comprobar qué da de sí esta fértil tierra cuando la presión de la industria y del mercado afloja un poquito. Aquí está una pequeña selección de lo que más me gustó.

Túbal 2001

El Túbal 2001 de Bodegas Ruconia, por ejemplo, un monovarietal de tempranillo, es un interesante ejemplo de como esta variedad da lugar a matices complejos una vez que se trata de modo diferente. El vino resultante no se puede comprender sin la estancia en barrica de roble nuevo durante doce meses, que modifica la uva y le añade, sin duda, esos matices de vainilla y de chocolate. El resultado final es un vino intenso, complejo, sofisticado aunque, quizá, con una astringencia final en exceso prolongada que hace necesaria una buena cena para ser disfrutado en toda su expresión.

Viña Cerradilla

El Viña Cerradilla Crianza de Bodegas Montemayor añade al tempranillo un 10% de mazuelo ya plantado con anterioridad en la finca de cepas viejas de la que provienen los racimos que crean a este vino. En él, se aprecia también la intervención que el roble nuevo crea sobre el tempranillo, diseñando un vino que combina, al mismo tiempo, un sabor más global con una cierta presencia identitaria del terruño, que se aprecia también en la astringencia final que persiste hasta el final del trago. Sorprende mucho en el Venía Cerradilla como el sabor más colorista y frutal estalla en la primera impresión, y se desvanece como un fuego de artificio al poco mientras se destapa el roble.

Los vinos de Bagordi
Las bodegas Bagordi, de Navarra (aunque dentro de la D.El. Rioja) nos mostraron varios vinos sorprendentes: monovarietales de variedades habitualmente destinadas a completar o a matizar otras producciones de la Rioja. Tres vinos muy notables: el primero, un 100% Graciano que es como un estallido de golosina en la boca, con muy poco retrogusto pero una enorme originalidad. Un vino, desde luego, para mostrar a los amigos y sorprenderse juntos. Otro monovarietal de Bagordi es de garnacha, muy habitual también en la D.El. Navarra, y que destaca también por un sabor muy diferenciado. Un vinazo muy notable es lo Reserva 98 ecológico, un caldo redondo que combina tempranillo, un 15% de merlot y algo de graciano. La relación calidad/precio era también espectacular: ninguno supera los 8 euros.

Picea 650, de Viñedos del Ternero,
¡que pasada!
Por último, el gran descubrimiento de la jornada. Los vinos que hace la gente de Viñedos del Ternero, una bodega de reciente creación en Miranda de Ebro (Burgos), que están comenzando a comercializar los vinos (esta es la segunda añada que distribuyen). El viñedo está situado a 650 metros de altitud, en una zona de condiciones extremas y de gélidas invernadas que dan un carácter único a la viña. Viñedos del Ternero hace dos vinos que llevan ambos el inconfundible sello de la casa: el Miranda Crianza, un complejo vino lleno de sabores a frutas rojas que se prolongan sin miedo durante tiempo e inundan el paladar. El otro vino es el Picea 650, que es una auténtica pasada, y una demostración empírica de lo importante que es la composición del suelo, la climatología, el cuidado en el proceso y la selección de la uva en la configuración de un vino como este, de apenas 9.000 botellas. El Picea 650 se expande lateralmente en la boca nada más probarlo, inunda el paladar con sabores complejos y un sorprendente cielo balsámico. Pura estructura, tiempos, sofisticación, con un cierre lento y apetitoso de regaliz. Sólo por conocer el Picea 650 ya valió la pena esta tarde.



Posteado por Manuel Gago

3 Commentarios:

Anonymous Rafael Pérez dijo...

Reitero en este otro blog nuestro agradecimiento, Manuel.

Rafael Pérez de Vallemayor.

martes, noviembre 21, 2006 6:51:00 a. m.  
Anonymous Anónimo dijo...

Felicitaciones por el ëxito...!!!

Familias riojanas residentes en la Ciudad de Buenos Aires

lunes, noviembre 27, 2006 2:00:00 p. m.  
Blogger Pinkerton dijo...

Interesante idea la de los viñedos familiares.
Hace poco tuve la oportunidad de visitar la bodega López de Heredia productores de Viña Tondonia.
En primer término me pareció muy motivante saber que le fundador nació en Santiago de Chile y que siendo hijo de vascos volvió a recibir una educación española. Y contactado con los viticultores franceses decidió montar una viña que es reconocida como probablemente la más tradicional en cuanto a producción en la Rioja. Ubicados en Haro, la bodega cuenta con su propia fabricación de barricas para largas guardas en roble americano, un espacio socavado en la roca para mantener las botellas en óptimas condiciones de guarda que más parece una mina que una bodega común.
Los filtros con sarmientos y el aclaramiento con clara de huevo siguen siendo las técnicas empleadas desde su origen (incluso poseían un gallinero)
La visita encantadora y al final los vinos servidos en el llamado "cementerio" por la disposición en nichos de las botellas. Con un gran refinamiento que recuerda los Bordeaux en los tintos y en los blancos aromas que harían pensar que se trata de un vino dulce, pero al final un blanco seco maravilloso.
Sencillamente una experiencia muy recomendable.

martes, diciembre 05, 2006 8:02:00 p. m.  

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