Hace unos días recibí una gentil invitación por parte de Marcelo Aliaga para colaborar en este blog. Huelga decir que acepté o no estaríais leyendo esto.
La verdad es que es un honor demasiado grande para mí, puesto que mis conocimientos acerca del mundo del vino son muy primarios en comparación con los del resto de colaboradores... pero dado que mi familia ha sido desde siempre propietaria de algunos viñedos y hemos elaborado vinos desde que recuerdo hasta tiempos relativamente recientes, creo que puedo aportar el punto de vista del productor doméstico.
Primero, debiera hacer una breve introducción acerca quién soy, ya que normalmente hablaré de las cosas que conozco y que no son otras que los vinos de mi tierra... o más concretamente, sus labores.
Me crié en uno de los
concellos (municipios) del sur de la provincia de Pontevedra, una de las cuatro que forman la Comunidad Autónoma de Galicia, en el noroeste de la península ibérica y formando parte del estado graciosamente conocido como "Reino de España". Dado que el idioma de mi tierra es el gallego, ese será el idioma en que se citen los topónimos, como es lógico, por otra parte.
Mi familia, como mencionaba antes, siempre ha cuidado de sus viñas y hasta hace pocos años elaborábamos vino para consumo propio y para venta, y después para vender a una de las grandes bodegas de la zona, Señorío do Sobral. Con los años me llegó el momento de elegir profesión y me convertí en informático, y fruto de la combinación de ambos factores me convertí en webmaster de la página web de
Adegas Gándara, una pequeña bodega familiar perteneciente a unos vecinos y amigos. Por desgracia, en el momento de escribir estas líneas el servidor que la tiene alojada está caído y en mantenimiento (y parece que estará así algún tiempo) y de la
Festa do Viño Novo de Arantei, de la que hablaré en el futuro.
Mis primeros recuerdos acerca de la vid y de sus trabajos consisten en viejas viñas demasiado bajas para un adulto y que causaban no pocos dolores en forma de tortícolis y lumbalgias a mis familiares y vecinos. Recuerdo que la mayoría de estas vides eran de tinto, de las variedades
Jaca,
Caíño tinto o
Mencía, aunque también había bastantes cepas de
albariño, loureira y otras variedades blancas.
Todo cambió con la llegada de la Denominación de Origen Rías Baixas, que no deja de ser una especie de refrito de cinco de las zonas con mayor tradición vitivinícola de la provincia de Pontevedra (junto con algunas parroquias de
concellos coruñeses).
Las comarcas "fundadoras" de la DO eran
O Rosal, que está en el tramo final de la ribera norte del Miño, y que es un terreno aluvial bastante plano y con clima suave.
O Condado, que es la que vio mis primeros pasos, y cuyo clima es un poco más extremo (en verano hace bastante calor) y los terrenos son un poco más ondulados. Limita en su extremo occidental con la subzona de O Rosal. El margen sur del Miño en esta subzona y en la subzona O Rosal pertenece a Portugal y de allí son originarios los
Vinhos verdes y
alvarinhos portugueses.
Y finalmente la zona de mayor fama, extensión y producción:
O Salnés, enclavada en la península homónima y rodeada por las rías de Pontevedra y Arousa. Su clima es bastante suave y alterna zonas bastante llanas junto con otras bastante más escarpadas.
Más adelante se unirían las zonas de
Soutomaior, la más pequeña de todas y que básicamente se circunscribe al
concello de su mismo nombre y que se ha considerado como una extensión "natural" de la subzona Salnés (aunque no estoy muy de acuerdo con ello) y la Ribeira do Ulla que comprende parroquias situadas en las márgenes norte y sur del Ulla, casi en su tramo final.
Todas estas zonas cultivan de forma masiva
albariño, y también algunas otras variedades blancas y tintas, siendo algunas exclusivas de cada subzona (y de hecho están definidos los porcentajes de mezcla para el caso de vinos polivarietales).
Como decía antes, el panorama cambió con la llegada de la DO, puesto que la presencia de
albariño antes era mucho menor y, de hecho, la gente que venía a comprar vino a mi parroquia lo que buscaba era el conocido como
tinto do país.
¿Cómo cambió esto? Fácil: subvenciones para que se plantase
albariño y se arrancasen las cepas viejas. He visto con mis ojos como auténticos monumentos de muchas décadas de edad se arrancaron y se convirtieron en leña para substituirlas por el de repente triunfante
albariño.
Entonces la gente creyó que esto sería bueno para todos, pero lo cierto es que todo un modo de vida quedó sentenciado.
Hablaremos sobre ello en mi próximo post.